Viena. Natascha Kampusch, la joven que estuvo secuestrada durante más de ocho años en un sótano cerca de Viena, relató ayer en una entrevista a la televisión pública austríaca ORF algunos de sus recuerdos más fuertes de su violenta captura y largo cautiverio.

Estas son algunas sus declaraciones más destacadas:

Sobre el día de su secuestro: “Estaba muy triste. Hubo la noche anterior una pelea con mi madre porque mi padre me trajo muy tarde a casa (los padres estaban ya divorciados). Era algo que había pasado ya muchas veces. Mi madre estaba sobre todo enojada con mi padre, pero de alguna forma también conmigo”.

“Estaba muy triste por eso, porque no era la primera pelea. Ese día fui a la escuela hasta la calle Melangasse y allí, a unos metros, vi su coche estacionado. Pensé en cambiar de acera, no sé por qué, tenía un sentimiento desagradable… pero, no sé por qué, pensé que ese sentimiento se debía a mi estado emocional y simplemente me dije, no te va a morder, y seguí caminando”.

“Él me agarró, intenté gritar, pero no me salía ninguna voz”.

“Al meterme dentro y mientras ponía en marcha el vehículo me dijo que nada me pasaría si me quedaba tranquila. Más tarde me dijo que si mis padres pagaban podría estar en casa de vuelta en uno o dos días”.

“Aparte de lo que pudiera hacer conmigo, yo no tenía ningún miedo, por el contrario, pensaba: él de todas maneras te va a matar, así que puedes aprovechar tus últimos minutos u horas para usarlos bien. Huir o hablar con él. Le dije que no iba a lograr nada, que la injusticia nunca da frutos y que la policía le encontraría”.

La huida: Kampusch aprovechó finalmente un momento en que Priklopil se distrajo con una llamada telefónica para huir a una casa vecina, y relató que en ese momento se dijo: “Ahora, o quizá nunca más”. “Miré, se dio la vuelta. En los meses anteriores ya le venía diciendo: no puedo seguir viviendo así, con seguridad voy a huir de ti”.

Sobre la madre de su captor: “Sabía que tenía una muy buena relación con él. Que ella le quería mucho y también él a ella, mucho. Ahora me da muchísima pena de que para la señora Priklopil esa imagen de su hijo está destruida. Ha perdido su fe en el mundo y en su hijo, y ha perdido a su hijo también”.

Sobre la muerte de su captor: “Ese día, Priklopil –yo era plenamente consciente de que al huir lo condenaba a muerte a él, porque él siempre me amenazaba también con suicidarse– tanto a mí, como al señor que le llevó a la estación de tren y al conductor del tren nos convirtió indirectamente en asesinos”.

Sobre la soledad: “No estaba sola, en mi corazón estaba mi familia y siempre mantuve recuerdos felices. Un día me juré que iba a hacerme mayor y más fuerte para poder liberarme. Por decirlo de alguna manera, hice un pacto con mi yo futuro para que venga y libere a la pequeña niña de 12 años”.

“Tenía pensamientos de todo lo que me perdía, un novio… Siempre intenté ser igual o mejor que las personas de afuera, sobre todo en lo referente a la educación escolar. Siempre sentía que tenía un déficit. Por eso traté de aprender cosas. Por ejemplo, logré aprender sola a bordar”.

Fuente: http://www.lavoz.com.ar/2006/0907/UM/nota441090_1.asp