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Las redes abiertas mejoran las posibilidades de acceso a Internet pero también permiten abusos de todo tipo. Un nuevo servicio, llamado Patagonia, mantiene el acceso abierto y lo hace más seguro.

Algunas redes locales inalámbricas (WiFi) son abiertas, es decir, accesibles para cualquiera que se encuentre en la zona; otras son semi-abiertas, o sea que uno puede conectarse si tiene tarjeta de crédito o una cuenta roaming con número de usuario (ID); y también las hay completamente cerradas, casi invisibles para todo el mundo, excepto los usuarios que se han registrado previamente para ese servicio específico.

El número de los puntos de acceso a redes inalámbricas está aumentando, pero el uso de las redes WiFi abiertas ha disminuido drásticamente.

Tradicionalmente, las redes WiFi abiertas y de acceso libre han sido puertas de entrada inmanejables, que brindan acceso a Internet a cualquier persona que se encuentre dentro del rango de frecuencia del transmisor de radio.

Dificultades de control
La apertura de estos sistemas —con su capacidad de admitir usuarios anónimos, en tránsito— facilita el abuso. La gente los usa para mandar spam o para robar ancho de banda. Y no faltan los usuarios técnicamente más astutos (y menos éticos) que tratan de ingresar en un sistema para dañar los servidores del host.

La idea básica de la plataforma llamada Patagonia, desarrollada por la empresa Organic Network (www.organicnetwork.net), actualmente a prueba con los usuarios, consiste en dejar el sistema abierto pero hacerlo más seguro, tratando al mismo tiempo de que sea fácil de instalar y operar.

Patagonia logra que una red inalámbrica sea más segura (y, lo que no es casual, más social) haciéndola transparente, de modo que el operador y los usuarios puedan verse online; y tal vez hasta puede suceder que echen un vistazo a su alrededor en el café, el parque o la oficina y se vean físicamente. En el sitio web de Patagonia, personalizado en tiempo real para cada ubicación, los usuarios (llamados huéspedes) pueden consultar una lista de otros usuarios online en su barrio virtual, que es también su barrio físico.

Es una lista breve, con nombres y direcciones de correo electrónico; y su interés no reside en la interfase sino en las personas reales que figuran en ella. La idea es fomentar las conexiones entre seres humanos, no reemplazarlas.

Información segura

Para mantener a raya a sus huéspedes, Patagonia toma sus recaudos para que los servidores de la red y la información que por ella circulas tengan seguridad. En teoría, todas las redes deberían hacerlo, pero muchos operadores carecen de los conocimientos técnicos necesarios para administrar eficazmente los temas de seguridad.

La red requiere también de los huéspedes que ingresen con un nombre de usuario y una contraseña. Para poder mandar mensajes de correo electrónico, cada huésped necesita una dirección de e-mail que esté en funcionamiento, y tiene un límite de 100 mensajes por hora, lo que elimina el problema del spam. Cualquier usuario que tenga una tarjeta de red inalámbrica puede abrir su buscador y obtener una invitación para entrar.

Desde el punto de vista de un huésped, el software convierte a la WiFi de un dispositivo técnico en una plataforma social. El nuevo enfoque no modifica fundamentalmente la naturaleza de la red inalámbrica.

Fuente:

http://www.informatica.clarin.com/suplementos/informatica/ultimo/f-00701.htm

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